La eterna juventud es una de las pretensiones más intensamente pretendidas por la humanidad desde todos los tiempos. Se busca ardientemente la pócima capaz de acabar con el proceso degenerativo que nos enfrenta a unas miserias que todo el mundo pretende evitar. El denominado estrés oxidativo se ha considerado como uno de los elementos decisivos en el proceso de envejecimiento celular. La teoría ad hoc suponía evitar los elementos oxidantes, atribuidos a los radicales libres acumulados. De aquí que los productos antioxidantes han disfrutado de una importancia extrema en una industria desarrollada en torno a la producción de elementos a aplicar al cuerpo humano con objeto de evitar la acción de los agentes oxidantes.
La cosmética ha sido una de las industrias más directamente afectadas por esta suposición que ahora ve tambalear sus principios fundamentales al ponerse en entredicho por científicos de la Universidad de Londres, que el estrés oxidativo figure tras las acciones irreversibles del tiempo. Así pues, si las conclusiones de los investigadores británicos son correctas, ni las cremas, ni los cosméticos, ni las dietas, ni los aditivos que tienen por objeto el control o el soslayo de los elementos oxidantes, tienen el efecto apetecido. Otra cosa es que se reconozca a la dieta como un ingrediente inevitable de una vida saludable, capaz de soslayar dolencias relacionadas o agravadas por la alimentación. Pero los procesos oxidativos no parecen estar en la base de la degeneración celular.
Si bien la hipótesis de la capacidad antioxidante como remedio del envejecimiento, pierde vigencia, en cambio la genética sigue acaparando puestos en el ranking de elementos decisivos en todos los procesos que tienen que ver con el desenvolvimiento de una vida considerada dentro de los parámetros de normalidad. Las enfermedades relacionadas con el envejecimiento tienen una componente genética. Todo parece indicar que se trata de un sistema cuya eficacia va disminuyendo con las repeticiones producidas. Así, la vejez, no resulta ser otra cosa que la falta de capacidad de regeneración que en épocas anteriores en el tiempo encuentran una fácil sustitución y cuya capacidad va disminuyendo conforme se avanza en el tiempo. Es como suele observarse en el comportamiento de los programas de ordenador, que debido a la complejidad es como si se deteriorara el sistema operativo y pasara de un funcionamiento excelente a un proceso cada vez mas complejo y torpe, hasta que la gestión de los elementos que intervienen quedan inutilizados y se vuelve imposible su actuación. Se puede pensar que las células normales están programadas para poder efectuar un determinado número de procesos de división. Cada cromosoma contiene en sus extremos unas secuencias repetitivas y que no intervienen en la codificación, que se denominan telómeros. El efecto que tiene la replicación del ADN celular es que estos telómeros se van acortando conforme el proceso se repite. Pero la presencia de una enzima denominada telomerasa es la implicada en el proceso de duplicación. Pero resulta ser insuficiente la actividad de la enzima telomersa para mantener la longitud de los telómeros y el efecto final es que se van acortando y sucede que llegados a cierto punto se desencadenan otros mecanismos genéticos que conducen a la muerte celular. Visto de esta forma, esta descripción se corresponde, por anaogía, a la cuerda de un reloj biológico que mediante mecasnismos genéticos viene a determinar el tiempo de vida de las células.
Así pues, la vida puede resumirse en una producción y eliminación constante de proteínas. Y tanto un proceso como el otro se pueden ver violentados como consecuencia de la falta de eficacia de la maquinaria genética que en las copias sucesivas introduce alteraciones que llegan a incapacitar el proceso de replica, deteriorando las consecuencias. En el caso de la eliminación de una proteína, la capacidad de limpieza se ve mermada por idénticas circunstancias y llega un momento en que la incapacidad afecta a órganos vitales, desde el corazón hasta el propio cerebro.
Los denominados telómeros y la enzima telomerasa juegan un papel fundamental en las células que controlan el proceso de envejecimiento. El papel no es más que el de proporcionar estabilidad a la estructura de los cromosomas en las células y en los procesos de división celular, con lo que la replicación no sufre alteraciones. Todas las acciones que supongan elevar los niveles de la enzima, van a favor de que los procesos degenerativos se vean relegados en su importancia o intervención en los procesos de envejecimiento. La vida social, la alimentación, el ejercicio, son elementos que pueden condicionar muy restrictivamente los niveles de estabilidad de las células en los procesos de división celular, dejando el papel de los elementos antioxidantes como meramente saludables a un nivel muy diferente y no interviniendo directamente en los procesos de envejecimiento.
La duda que cabe plantearse es acerca de la base que ha permitido el montaje cosmético que ha durado muchos años y que ha permitido el desarrollo de una industria y negocios muy lejanos a la auténtica utilidad de unos productos que no han podido demostrarse eficaces y que ahora pueden resultar denostados al evidenciarse su falta de eficacia.

